Por María Eugenia Villalonga para LA GACETA

- Viendo en retrospectiva este medio siglo de vida, ¿qué dice de nosotros como sociedad la Feria del Libro?

-La Feria nació en 1975, casi en paralelo con la dictadura militar y sobrevivió en un país atravesado por un golpe de estado sangriento, crisis económicas, inestabilidad política, lo que de alguna manera demuestra que, para los argentinos, la cultura siempre fue un refugio, un lugar de resistencia. Y como durante los años de dictadura muchos autores no pudieron ser convocados por estar prohibidos, exiliados o, en muchos casos, desaparecidos, quisimos reivindicarlos y por eso va a haber una exposición sobre los libros prohibidos y los autores censurados, en el pabellón central, y una maratón de lectura de sus textos. También un ciclo sobre cómo leíamos los libros que no se podían leer y de qué manera algunos autores, como María Elena Walsh -que estaba en las listas negras-, eran convocados, porque no había manera de evitarlo.

- Por aquellos años, algunas editoriales como el Centro Editor sufrieron la quema de libros, la destrucción de colecciones enteras, mucha gente quemó o enterró sus libros. Pero al mismo tiempo, hubo un movimiento de resistencia cultural, clandestino, muy potente. ¿A qué se debe esto? ¿Somos una sociedad culturalmente muy activa?

-Mirá, nosotros hicimos el año pasado, por primera vez, una encuesta de público y uno de los datos que arrojó es que el 80% de la gente que viene a la feria es gente que lo hace todos los años. Es un público recurrente. De hecho, después del parate por la pandemia, cuando volvió la feria, en el 2022, hubo un récord absoluto de concurrencia de público y de ventas. Yo decía que lo que había era un síndrome de abstinencia. Y creo que eso habla de que hay un público lector muy fervoroso.

- Tuvimos una edad de oro de la edición, en los años 40, un boom del libro argentino en los 60 y, hasta los años 90, un circuito muy poderoso de librerías. Hoy, que estamos cada vez más dispersos y desconcentrados, ¿seguimos siendo un pueblo lector?

-Sí, seguimos siéndolo, afortunadamente. Por supuesto, las tiradas son menores. Y aunque hay muchas editoriales independientes y cada vez más traducciones hechas acá, esas tiradas pequeñas no permiten que los libros lleguen a las librerías de todo el país. Y ahí juegan un rol muy importante las bibliotecas populares, que por suerte es algo que se sostiene. Es un gran espectáculo ver cuando vienen los bibliotecarios de todos los rincones del país a comprar lo que ellos quieren, lo que su comunidad les pide. Les dan el dinero, el pasaje, el hospedaje para que estén esos tres días. Y es maravilloso.

- ¿Los planes de incentivo a la lectura son eficaces?

-Cualquier plan, ya sea que se traduzca en dinero o en acciones que fomenten la lectura, es bienvenido. Ahora que se cumplen 40 años de la muerte de Borges, va a haber una sala inmersiva con un gran laberinto, donde los chicos puedan salir a través de claves que Borges da. La idea es que de una manera lúdica se acerquen a Borges, que no sea una cosa sacralizada.

- Hoy tenemos problemas serios en la cadena del libro, los precios finales son muy caros. ¿Con qué nos vamos a encontrar en cuanto a ventas, cuando se cierre la feria?

-De la cadena del libro, la librería es la más castigada, años tras año, desde ese gran escenario que es la inauguración de la Feria del Libro, se hace el reclamo por el IVA. Pero el público lector está. El 2025 repuntó y esperamos que el 2026, dentro del contexto complicado del país, sea bueno. Nosotros estamos haciendo todos los esfuerzos posibles, desde el valor de la entrada, que es muy económico y que además sirve para pagar parte de un libro, hasta los “chequelibros”, por 12.000 pesos, que una vez terminada la Feria pueden canjear en librerías de cualquier parte del país. También este año estamos entregándoselos a los colegios que visiten la Feria, para que cada chico pueda elegir el libro que se quiera comprar.

- ¿Cuál es el futuro de la lectura?

-Es cierto que las nuevas tecnologías le quitaron tiempo a la lectura, pero sigue siendo una ceremonia muy íntima, muy privada. Y eso creo que no va a cambiar. Ya sea que uno lea en un dispositivo o en el celular o esté utilizando el audiolibro. A mí me gusta mucho ver a esos chicos en las redes, los tiktokers, youtubers, instagramers, fascinados, hablando del libro que están leyendo, recomendándolo. O los clubes de lectura, que durante la pandemia explotaron y afortunadamente, se multiplicaron. Volvemos a la pregunta de si somos un país lector, yo creo que sí. Y es fantástico.

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PERFIL

Ezequiel Martínez es periodista y gestor cultural. Trabajó durante 25 años en Clarín, donde fue editor de la revista Ñ. Desde 2021/22 dirige la Fundación El Libro y es responsable de la organización de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Es hijo de Tomás Eloy Martínez.